Iglesia San Antonio María Gianelli, Jorge Scrimaglio (1969/73)

Foto: Renzo Candia

Texto cortesía de Carlos Candia

El uso de sistemas, entendido como una serie de reglas que originan formas, parece ser una constante en la producción de Scrimaglio y esta obra no escapa a esa lógica. Todos los elementos que conforman sus edificios entran dentro de él, incluso los mobiliarios. A su vez, es el ladrillo, como tierra cocida, como unidad material, lo que se convierte en protagonista excluyente de su obra. Rafael Iglesia escribe que es el “tejido” de sus obras: es muro, piso y techo. Es escalera, tabique y alero. Y es la posición en el espacio de esta unidad lo que le confiere sus cualidades. 

En un terreno estrecho y alargado, se dispone una serie de muros de mampuesto como costillas en diagonal, ubicados en la grilla que materializa el sistema y que ordena todos los elementos que componen el templo. Los muros sostienen una serie de vigas de hormigón que cruzan el espacio. Sobre ellas descansa la losa a dos aguas de la cubierta. La posición de los muros origina, contra las dos medianeras, pequeños patios triangulares, permitiendo el ingreso de luz indirecta a lo largo de toda la nave. A su vez, las hiladas de los ladrillos acompañan la leve pendiente de la cubierta. El acceso se realiza a través de distintas instancias intermedias, el eje procesional se quiebra y discurre por uno de los laterales. Hacia el final de la nave, una gran vidriera hace las veces de fondo del altar, y es la luz la que tensiona aún más el espacio en este sentido. Las proporciones acentúan esta tensión, y su escala, sumado a la presencia de ladrillo, hormigón visto y madera en el interior, le confieren al mismo las cualidades de calidez, cercanía y cotidianeidad.

Este texto formó parte de la muestra Archivos Abiertos: Jorge Scrimaglio, realizada los días 10 y 11 de mayo del 2025, con el apoyo de Open House Rosario y la Parroquia San Antonio María Gianelli.